El modelo
Salvadores, controladores y víctimas: el triángulo que hace dependientes a los equipos
¿Quién quieres seren este columpio?

La jerarquía tiene un problema que casi nunca se nombra: crea equipos dependientes.
Funciona como una familia en la que un padre tiene autoridad sobre sus hijos.El manager decide, resuelve y corrige.El equipo espera, ejecuta y obedece.
Y sin que nadie lo elija, los managers se convierten en salvadores y controladores, y los equipos, en víctimas.
Hace poco un country manager me decía: "Es lo que me toca. Si no lo hago yo, los demás no se mueven". Lo vivía como una carga. Su equipo, en cambio, lo describía como alguien con mucha visión y capacidad de decisión. Los dos tenían razón, y los dos estaban atrapados en el mismo triángulo.
Déjame explicarte qué es esto
Stephen Karpman describió un patrón de relación al que llamó el triángulo del drama. Tiene tres papeles:
El Salvador ofrece soluciones a problemas que cree que el otro necesita resolver. Su creencia de fondo: "No eres capaz; por eso lo hago yo".
El Perseguidor se asegura de que la víctima cumpla con la solución del salvador. Vigila, corrige, presiona.
La Víctima tolera a los dos y, poco a poco, deja de verse como alguien completo. Cree que necesita a los demás para avanzar.
Nadie es un salvador. Es un papel en el que todos caemos, y casi siempre con buena intención: que salga bien, avanzar rápido, resolver los problemas y los obstáculos…
Pero tiene un coste. Cuanto más resuelve el manager, más aprende el equipo a esperar. Cuanto más espera el equipo, más le toca resolver al manager.
Nuestra propuesta: relaciones de adulto a adulto
Las relaciones son como un columpio. Si uno de los dos pesa más, se desequilibra y deja de funcionar.Imagina que alguien de tu equipo te cuenta un problema. Tienes dos opciones:
a) Darle la solución.
b) Escucharle, sostener lo que le pasa, retarle, ayudarle a reflexionar.
La opción A esconde una creencia: "No eres capaz" o "Vas a tardar más que yo en llegar a mi conclusión".
La opción B dice: "Eres capaz de resolverlo. Y si en algún momento no sabes cómo, sabrás pedir ayuda, y aquí estoy para acompañarte".
La opción B es más lenta en el corto plazo pero tiene una consecuencia a largo plazo, rompemos el triángulo del drama y empezamos a vivir en el triángulo del liderazgo.
En este triángulo:
La Víctima se convierte en Creadora: deja de esperar y se hace cargo de lo que quiere construir.
El Salvador se convierte en Coach: deja de resolver y sostiene. Reconoce quién es la otra persona y la acompaña.
El Perseguidor se convierte en Catalizador. Desafiando y retando a las personas a lograr el éxito colectivo.
En Brújula creemos en la fuerza creadora de las personas y de los equipos. Esa es nuestra propuesta: personas creadoras de su parte y equipos que se sostienen y se desafían entre sí.
Sostener en lugar de resolver, como hace el Coach; retar nombrando lo que pasa, como hace el Catalizador.
Lo difícil es reconocer el patrón.
Nadie ve solo en qué lado del triángulo se sienta. Desde dentro, rescatar se vive como ayudar, y controlar, como cuidar.
Para eso está el feedback. En Brújula, tus compañer@s te devuelven si tu ayuda les llega como acompañamiento o como solución hecha, y si tu exigencia les llega como reto o como control.
La próxima vez que alguien de tu equipo te cuente un problema, ¿quién quieres ser en ese columpio?


